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Plantas interiores

Para aquellas personas que viven en la ciudad y sienten la falta del color verde y la frescura de la naturaleza, una planta en su casa significa ese mínimo contacto con el verde anhelado. Cuando introducimos una planta entre las cuatro paredes de cemento la estamos sometiendo a un ambiente que no es el propio y debemos por lo tanto considerar ciertos cuidados escenciales para preservar a la planta llena de vitalidad.

La separación entre plantas de interior o de exterior es en realidad una línea difusa. Y el interior de una casa no es de por si un medio optimo para ella. Pero sí hay una gran cantidad de ellas que se adaptan al ese tipo de ambiente. Algunas resisten dichas condiciones por más tiempo que otras.

Uno de los componentes forzosos es la adecuada luz que la planta debe recibir. Para cumplir con este requisito debemos asegurarnos que la ubicación este bien iluminada, cuidando que no este demasiado expuesta a ella, ya que el exceso de luz provoca quemaduras y necrosis que afectan al crecimiento de la planta. Por el contrario, si la luz no es suficiente la planta se marchita y muere. Trataremos entonces de buscar un punto de equilibrio: ni el lugar mas iluminado ni el menos; y debemos asegurar que la misma luz llegue a todas sus partes rotándola regularmente para que la planta no se tuerza en busca de luz.

Una planta necesita diariamente entre 12 y 16 horas de luz. Cuando no les llega en cantidad suficiente, la solución es la luz artificial. Se puede recurrir a lámparas incandescentes que imitan la luz natural y que son muy prácticas en estos casos.
Otro aspecto a tener en cuenta en el cuidado de la planta es la temperatura y la humedad.
En regiones cálidas y húmedas las plantas deben ser vaporizadas para contrarrestar la cantidad de agua perdida por la evaporación y la transpiración. Cuando la planta se pone amarilla y se le caen las hojas son síntomas de falta de humedad. Debemos resolver el problema vaporizando su follaje con agua pura, o hundir la maceta en turba húmeda, logrando mantener de esta manera la humedad atmosférica. También, en ciertas condiciones, la simple presencia de un recipiente ornamental lleno de agua, logra mantener un grado de humedad constante.

Con respecto a la temperatura, y considerando situaciones normales, una planta necesita para desarrollarse, un promedio de 12 grados en invierno, y de 24 grados en verano, ya que es resistente a las variaciones bruscas de temperatura, que suelen detener su crecimiento y provocando la caída prematura sus hojas.

El riego, es otro de los aspectos fundamentales en el cuidado de una planta, y este va a variar según las diferentes variedades existentes.
Las plantas de hojas amplias y tiernas tienen mayor necesidad de agua, contrariamente a las de hojas estrechas y duras que requieren riegos menos frecuentes, incluso prácticamente nulos en las apocas frías. El riego también variara según varíen las temperaturas. Cuanto más calor haya mas va a transpirar la planta y esa pérdida de agua deberá compensarse mediante el riego.
Por norma general, las plantas de interior producen menor evaporación y, por lo tanto, necesitan menos agua, es decir, riegos menos frecuentes, salvo que las condiciones de calefacción causen una sequedad excesiva.

De todos modos siempre antes de regar es necesario examinar con cuidado la tierra en la superficie de la maceta para ver el grado de humedad que posee. Una maceta está bien regada y no necesita más agua cuando, tomamos un poco de tierra entre los dedos y la encontramos húmeda, pero apretándola no gotea.
El último de los aspectos a tratar es los nutrientes necesitados por las plantas. Como todo ser vivo las plantas necesitan de la alimentación para sobrevivir, debido a que las reservas naturales de la tierra se agotan. Por eso es necesario el uso de abono, líquido o sólido, orgánico o inorgánico.

Los tres elementos nutritivos que toda planta necesita son: nitrógeno, necesario para el crecimiento; fósforo, imprescindible para la formación de las hojas nuevas y los brotes de flores; y potasio, útil para dar robustez y resistencia. El abono aporta además de éstos, otros elementos llamados oligoelementos (magnesio, azufre, hierro, boro, cobre…), también indispensables para la vida de una planta.

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